El caso del video en que una niña criticaba los estereotipos de género

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Rubén Castro Torres, Agente de igualdad

Hablamos de un video con miles de visualizaciones, que ha tenido una repercusión internacional y que ha generado un intenso debate en la sociedad Estadounidense. Y todo ello protagonizado por una niña que critica valientemente los estereotipos sexistas vigentes en la publicidad de juguetes y productos infantiles.

Como podemos ver en el video la niña muestra su indignación porque “las empresas tratan de engañar a las niñas para comprar cosas de color rosa.” El video, grabado ante unos estantes repletos de juguetes en tonos rosa, típicamente para niñas (a juzgar por los estereotipos de género) termina con la sentencia de que “a algunas niñas les gustan los superheroes y a algunas niñas les gustan las muñecas”. Es decir, que no por ser de un sexo u otro tiene que darse por predestinado un producto.

Lógico si tenemos en cuenta que tanto hombres como mujeres podemos barrer, fregar, cocinar, cuidar bebés o trabajar en una peluqueria, enfermeria o supermercado. Pero a pesar de ello esas acciones están destinadas, por obra y gracia de la tradición patriarcal, a las niñas. Y lo mismo sucede con la posibilidad de ser bomberos, policias, constructores o carpinteros, pero de nuevo queda limitado, esta vez a los varones.

Todo ello por no hablar de los mitos del amor romántico y la princesa sumisa y desvalida y el príncipe superhéroe que gana todas las batallas por su amada.

Así, no debería extrañarnos cuando una niña se queja de que hay unos juguetes de un mismo color identificados como femeninos, y otros para los niños, con otras gamas de colores. Y es que ella, y tantos y tantas, tal vez quieren jugar con los juguetes pretendidamente relacionados con el otro sexo, y a juzgar por esos anuncios no sería muy correcto hacerlo.

 

¿Qué solucion tenemos?

Por un lado, el entorno de los niños y niñas (familiares, profesorado, etc.) puede muestrar un modo de vida en igualdad, esto es, criticar las imagenes sexistas, que no se ajustan a la realidad, y suponen un sesgo de género en el que la infancia no debe caer. Así sucedería que ante un contenido televisivo, por ejemplo, en el que siempre se vea que los hombres son torpes y no saben cuidar de su familia ni hacer tareas domésticas, los niños y niñas comprendan que es una situación falsa, cómic tal vez, pero no un modelo a seguir.

Ahí tenemos todas y todos nuestra responsabilidad, que podemos ejercer desde una educación en igualdad, libre de estereoripos y barreras: favoreciendo el libre desarrollo de los futuros adultos.

Pero que nadie rehuse su compromiso al saltarse la ley y estereotipar la imagen de niños y niñas con fines comerciales. Ni los medios de comunicación, ni las empresas anunciantes estan exentas de actuar para acabar con esas imágenes que transmiten mitos: la del hombre capaz y con buena reputación pública, y la de la mujer capaz, pero solo para hacer tareas de su casa, cuidar familiares, etc. Así tenemos en España la Ley de Igualdad 3/2007 que otorga la potestad a las entidades públicas a denunciar los contenidos que rompan con el principio de igualdad, establecido también en la Constitución Española, algo que se hace desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, del Instituto de la Mujer y que ya ha promovido el cambio de cientos de anuncios y contenidos sexistas.

Por ello, tenemos una responsabilidad compartida, de la que ni ciudadanía, instituciones o empresas podemos prescindir, si es que efectivamente pretendemos un mundo en que nadie vea cuestionada su personalidad o su sexualidad por saltarse unos estereotipos sexistas y anticuados.

 

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