ARTÍCULO: Violencia de Género: De vuelta con el mito de la mujer provocadora

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Un sacerdote italiano tuvo la idea de publicar en su parroquia un texto en el que reprende a las mujeres por provocar a los hombres, por vestir ropas ligeras que desatan los más agresivos instintos, por no ceñirse a su papel de sumisas, de ángeles del hogar… En definitiva, la culpa de la violencia de género es culpa de las propias víctimas: Volvemos a lo de siempre, o mejor dicho, continuamos con lo de siempre.

Pero no es una osadía que el mencionado cura relacione directamente a las mujeres con la violencia que sufren: Ese mito lo toman por válido muchas personas, medios de comunicación e instituciones. De hecho un 52% de europeos consideran que la causa de la violencia de género sucede por el comportamiento provocativo de las mujeres.[1]

Tampoco podemos obviar que es más fácil criticar a las propias víctimas (entender que se han buscado esa situación por salirse del papel que la sociedad le ha otorgado), que desmontar todo el sistema de valores y comprender que tal vez la sociedad no debería exigir una determinada actitud a nadie, sobretodo si esta requiere pérdida de  libertad y ponerse en una situación de subordinación.

Siguiendo esa teoría, ante la alarmante cifra de mujeres asesinadas y crímenes sexistas de todo tipo, se añade la idea de que esos hombres se han pasado, como si repentinamente hubieran llegado a la locura.

El párroco afirma que “no es posible que todos los hombres hayan enloquecido de golpe”. Así obvia que no se trata de una cuestión reciente, de hecho los postulados machistas como los que él defiende son los que han mantenido esa violencia hacia las mujeres desde hace siglos. Tampoco es locura ni enfermedad de los hombres: es el fiel reflejo de la desigualdad aprendida desde pequeños, en una sociedad que obliga a que las mujeres respondan de todo lo que hacen ante los hombres o que si esa actitud se aleja de una pretendida buena moral puedan ser reprendidas.

También destaca que todos los hombres son culpabilizados por algunos medios, al hacerles responsables de toda la violencia. Curiosamente,  rechazar el machismo que impera actualmente es atacar los hombres. En cambio, ¿justificar la violencia que estos ejercen sobre las mujeres no es atacarlas a ellas?

Más peligroso me parece que la institución religiosa a la que representa ese sacerdote no tome medidas ni ofrezca explicaciones: tal vez porque asuman como válidos esos postulados.Ya saben, quien calla otorga…

Como único consuelo nos queda que el párroco, lejos de dimitir, pide disculpas a las mujeres que se hayan sentido ofendidas y se toma un periodo de descanso ante la polémica desatada por su escrito, pero no rectifica. Pero no solo las mujeres pueden sentirse víctimas de sus ofensivas palabra. Porque que cada vez que una persona pública ataca la dignidad y libertad de las mujeres está atacando a toda la sociedad, está vulnerando los Derechos Humanos. Cada vez que un hombre maltrata a una mujer, controlándola, agrediéndole o faltándole al respeto, está denigrando al conjunto de la humanidad, algo que se supone que el conjunto, incluido las instituciones eclesiásticas, debemos rechazar.

Un artículo de Rubén Castro, Agente de igualdad


[1] Special Eurobarometer 344 / Wave 73.2 Domestic Violence against Women (2010)

 

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